Psicólogo y Terapeuta

domingo, 7 de febrero de 2016

Los trastornos mentales no se deben a alteraciones químicas del cerebro


El periodista norteamericano recopiló estudios científicos para evidenciar que los trastornos mentales no se deben a alteraciones químicas del cerebro

 

 Robert Whitaker | Periodista de investigación


Todo empezó con dos preguntas. ¿Cómo es posible que los pacientes de esquizofrenia evolucionen mejor en países donde se les medica menos, como India o Nigeria, que en países como Estados Unidos? ¿Y cómo se explica, tal y como proclamó en 1994 la Facultad de Medicina de Harvard, que la evolución de los enfermos de esquizofrenia empeorara con la implantación de medicaciones, con respecto a los años setenta? Estas dos preguntas inspiraron a Robert Whitaker para escribir una serie de artículos en el Boston Globe —finalista en el Premio Pulitzer al Servicio Público— y dos polémicos libros. El segundo, Anatomía de una epidemia, que ahora edita, actualizado, Capitán Swing en España, fue galardonado como mejor libro de investigación en 2010 por editores y periodistas norteamericanos.

En el curso de esa indagación, una cascada de datos demoledores: en 1955 había 355.000 personas en hospitales con un diagnóstico psiquiátrico; en 1987, 1.250.000 recibían pensiones en EE UU por discapacidad debida a enfermedad mental; en 2007 eran 4 millones. El año pasado, 5. ¿Qué estamos haciendo mal?

Whitaker (Denver, Colorado, 1952) se presenta, humildemente, las manos en los bolsillos, en un hotel de Alcalá de Henares. Su cruzada contra las pastillas como remedio de las enfermedades mentales no va por mal camino. Prestigiosas escuelas médicas ya le invitan a que explique sus trabajos. “El debate está abierto en EE UU. La psiquiatría está entrando en nuevo periodo de crisis en ese país porque la historia que nos ha contado desde los ochenta ha colapsado”.

Pregunta. ¿En qué consiste esa historia falsa que, dice usted, nos han contado?

Respuesta. La historia falsa en EE UU y en parte del mundo desarrollado es que la causa de la esquizofrenia y la depresión es biológica. Se dijo que se debían a desequilibrios químicos en el cerebro; en la esquizofrenia, por exceso de dopamina; en la depresión, por falta de serotonina. Y nos dijeron que teníamos fármacos que resolvían el problema como lo hace la insulina con los diabéticos.

P. En Anatomía de una epidemia viene a decir que los psiquiatras aceptaron la teoría del desequilibrio químico porque prescribir pastillas les hacía parecer más médicos, los homologaba con el resto de la profesión.

R. Los psiquiatras, en Estados Unidos y en muchos otros sitios, siempre tuvieron complejo de inferioridad. El resto de médicos solían mirarlos como si no fueran auténticos médicos. En los setenta, cuando hacían sus diagnósticos basándose en ideas freudianas, se les criticaba mucho. ¿Y cómo podían reconstruir su imagen de cara al público? Se pusieron la bata blanca, que les daba autoridad. Y empezaron a llamarse a sí mismos psicofarmacólogos cuando empezaron a prescribir pastillas. Mejoró su imagen. Aumentó su poder. En los ochenta empezaron a publicitar su modelo y en los noventa la profesión ya no prestaba atención a sus propios estudios científicos. Se creyeron su propia propaganda.
“Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Es un éxito comercial
P. Pero esto es mucho decir, ¿no? Es afirmar que los profesionales no tuvieron en cuenta el efecto que esos fármacos podían tener en la población.

R. Es una traición. Fue una historia que mejoró la imagen pública de la psiquiatría y ayudó a vender fármacos. A finales de los ochenta se vendían 800 millones de dólares al año en psicofármacos; 20 años más tarde se gastaban 40.000 millones.

P. Y ahora afirma usted que hay una epidemia de enfermedades mentales creada por los propios fármacos.

R. Si se estudia la literatura científica se observa que ya llevamos 50 años utilizándolos. En general, lo que hacen es aumentar la cronicidad de estos trastornos.

P. ¿Qué le dice usted a la gente que está medicándose? Algunos tal vez no la necesiten, pero otros tal vez sí. Este mensaje, mal entendido, puede ser peligroso.

R. Sí, es verdad, puede ser peligroso. Bueno, si la medicación le va bien, fenomenal, hay gente a la que le sienta bien. Además, el cerebro se adapta a las pastillas, con lo cual retirarla puede tener efectos severos. De lo que hablamos en el libro es del resultado en general. Yo no soy médico, soy periodista. El libro no es de consejos médicos, no es para uso individual, es para que la sociedad se pregunte: ¿hemos organizado la atención psiquiátrica en torno a una historia que es científicamente cierta o no?

El recorrido de Whitaker no ha sido fácil. Aunque su libro esté altamente documentado, aunque fuera multipremiado, desafió los criterios de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) y los intereses de la industria farmacéutica.
Pero, a estas alturas, se siente recompensado. En 2010, sus postulados eran vistos, dice, como una “herejía”. Desde entonces, nuevos estudios han ido en la dirección que él apuntaba —cita a los psiquiatras Martin Harrow o Lex Wunderink; y apunta que el prestigioso British Journal of Psychiatry ya asume que hay que repensar el uso de los fármacos—. “Las pastillas pueden servir para esconder el malestar, para esconder la angustia, pero no son curativas, no producen un estado de felicidad”.

P. ¿Vivimos en una sociedad en la que necesitamos pensar que las pastillas pueden resolverlo todo?

R. Nos han alentado a que lo pensemos. En los cincuenta se produjeron increíbles avances médicos, como los antibióticos. Y en los sesenta, la sociedad norteamericana empezó a pensar que había balas mágicas para curar muchos problemas. En los ochenta se promocionó la idea de que si estabas deprimido, no era por el contexto de tu vida, sino porque tenías una enfermedad mental, era cuestión química, y había un fármaco que te haría sentir mejor. Lo que se promocionó, en realidad, en Estados Unidos, fue una nueva forma de vivir, que se exportó al resto del mundo. La nueva filosofía era: debes ser feliz todo el tiempo, y, si no lo eres, tenemos una píldora. Pero lo que sabemos es que crecer es difícil, se sienten todo tipo de emociones y hay que aprender a organizar el comportamiento.

P. Buscamos el confort y el mundo se va pareciendo al que describió Aldous Huxley en Un mundo feliz

R. Desde luego. Hemos perdido la filosofía de que el sufrimiento es parte de la vida, de que a veces es muy difícil controlar tu mente; las emociones que sientes hoy pueden ser muy distintas de las de la semana o el año que viene. Y nos han hecho estar alerta todo el rato con respecto a nuestras emociones.
P. Demasiado centrados en nosotros mismos…

R. Exacto. Si nos sentimos infelices, pensamos que algo nos pasa. Antes la gente sabía que había que luchar en la vida; y no se le inducía tanto a pensar en su estado emocional. Con los niños, si no se portan bien en el cole o no tienen éxito, se les diagnostica déficit de atención y se dice que hay que tratarlos.

P. ¿La industria o la APA están creando nuevas enfermedades que en realidad no existen?

R. Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Así que, si se mira desde el punto de vista comercial, el suyo es un éxito extraordinario. Tenemos pastillas para la felicidad, para la ansiedad, para que tu hijo lo haga mejor en el colegio. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una entelequia. Antes de los noventa no existía.

P. ¿La ansiedad puede desembocar en enfermedad?

R. La ansiedad y la depresión no están tan lejos la una de la otra. Hay gente que experimenta estados avanzados de ansiedad, pero estar vivo es muchas veces estar ansioso. Empezó a cambiar con la introducción de las benzodiacepinas, con el Valium. La ansiedad pasó de ser un estado normal de la vida a presentarse como un problema biológico. En los ochenta, la APA coge este amplio concepto de ansiedad y neurosis, que es un concepto freudiano, y empieza a asociarle enfermedades como el trastorno de estrés postraumático. Pero no hay ciencia detrás de estos cambios.

lunes, 4 de mayo de 2015

Medicina basada en mitos: el caso de la serotonina en la depresión


Medicina basada en mitos: 

el caso de la serotonina en la depresión




David Healy, psiquiatra, profesor universitario, historiador de la psiquiatría y crítico contumaz de la farmacologización de su especialidad y la medicina en general (impagable su demoledor Pharmageddon) acaba de publicar un editorial en el BMJ titulado “Serotonina y depresión: El marketing de un mito”. No dice nada que no sepamos, pero una Editorial del BMJ marca tendencias.
prozacPor su interés docente y para mejorar su difusión lo hemos traducido.

“El grupo de fármacos llamados Inhibidores de la Recaptación de la Serotonina (IRSS) surgió a finales de los 80, casi dos décadas después de que fueran conocidos. El retraso de se debió a la búsqueda de una indicación. Hasta entonces, no habían demostrado ningún posible perfil lucrativo como la obesidad o la hipertensión. Ya en 1960, la idea de que la concentración de serotonina estaba reducida en la depresión [1] había sido rechazada [2] y, en los ensayos clínicos, los IRSS habían perdido su pulso contra los antiguos antidepresivos tricíclicos como tratamiento para la depresión severa (melancolía) [3-5].

Cuando comenzaron a surgir las preocupaciones acerca de la dependencia que generaban los tranquilizantes en los primeros 80, se intentaron suplantar las benzodiazepinas por un fármaco serotoninérgico, la buspirona, etiquetado como ansiolítico no-productor de dependencia. Ésto fracasó [6]. Las lecciones a aprender fueron que los pacientes esperaban que los tranquilizantes tuvieran un efecto inmediato y que los doctores esperaban que produjeran dependencia. No fue posible desintoxicar la marca “tranquilizante”.

En vez de eso, las compañías farmacéuticas vendieron los IRSS para tratar la depresión, aún a expensas de que eran menos efectivos que los antiguos tricíclicos, publicitando la idea de que la depresión era la enfermedad de base que estaba detrás de las manifestaciones superficiales de la ansiedad. La estrategia fue un éxito extraordinario al centrarse en la idea de que los ISRR devolvían los niveles de serotonina a la normalidad, una noción que más tarde transmutó en la idea de que corregían un disbalance neuroquímico. Los antidepresivos tricíclicos no tenían una narrativa comparable.

El mito de la serotonina
 
En los 90, ningún académico podía vender el mensaje de la disminución de serotonina. Estaba claro que no había correlación entre la potencia de la inhibición de la recaptación de serotonina y la eficacia de los antidepresivos con ese efecto. Nadie sabía si los ISRR aumentaban o reducían los niveles de serotonina; aún no se sabe. No había ninguna evidencia de que el tratamiento corrigiese nada [7].

Sin embargo, la idea de que era necesario recuperar los niveles de serotonina se instauró entre los pacientes y las asociaciones de enfermos. La historia de la disminución de la serotonina se enraizó, de hecho, en el dominio público más que en el ámbito psicofarmacológico. La concepción serotoninérgica era parecida a la noción freudiana de líbido – difusa, amorfa, e incapaz de explorarse – una pieza prototípica de chatarra intelectual [8]. Si los investigadores usaban este lenguaje era porque hacía referencia casi simbólica a ciertas anormalidades fisiológicas que casi todos pensaban serían encontradas, tarde o temprano, en la fisiopatología de la melancolía, aunque no necesariamente en la “depresión” leve.

El mito atrapó hasta el mercado de las medicinas alternativas. Los materiales y consejos provenientes de estas medicinas alentaban a la población a comer alimentos o participar en actividades que aumentaban sus niveles de serotonina, lo que, a su vez, reforzaba la validez de usar antidepresivos [9]. El mito también capturó a psicólogos y otros profesionales, quienes aprovecharon la ocasión para intentar explicar la importancia evolutiva de la depresión en términos de función del sistema serotonínico [10]. Las revistas y los editores asumían esta idea equivocada y la ensalzaban y reproducían en libros y artículos como si fuera un hecho robusto y bien establecido científicamente, y, mientras, se vendían antidepresivos.

Por encima de todo, el mito capturó a doctores y pacientes. Para los doctores, fue un recurso que permitió una explicación fácil y rápida de la enfermedad y facilitó la comunicación con sus pacientes. Para los pacientes, la idea de corregir una anormalidad tenía una fuerza moral que superaba los recelos que algunos podían tener sobre tomar tranquilizantes, especialmente al trasmitir de forma atractiva que la aflicción no era una debilidad.

Distracción costosa

Mientras tanto se marginalizaban tratamientos menos costosos y más efectivos. El éxito de los ISRR expulsó fuera del mercado a los antiguos antidepresivos tricíclicos. Esto es un problema porque los ISRR nunca han sido capaces de demostrar eficacia en las depresiones asociadas a un alto riesgo de suicidio (melacolía). Los estados de nerviosismo que los ISRR tratan no se asocian a un mayor riesgo de suicidio [11].  La focalización en los ISRR supuso también el abandono de la búsqueda de verdaderas alteraciones biológicas relacionadas con la melancolía (como las teorías del cortisol aumentado) [12].
Dos décadas después, el número de antidepresivos prescritos por año es ligeramente superior al número de personas del mundo occidental. La mayoría de las prescripciones (nueve de cada 10) son para pacientes que se encuentran con dificultades para dejar el tratamiento; más o menos, una décima parte de la población [13,14]. A estos pacientes comúnmente se les aconseja que continúen el tratamiento precisamente porque sus dificultades para dejarlo indican que lo necesitan, igual que un paciente diabético necesita insulina.
Mientras, ciertos estudios sugieren que la ketamina, una sustancia que actúa en el sistema glutámico, es un antidepresivo más efectivo que los ISRR para la melancolía arrojando así aun más dudas a la relación entre serotonina y depresión [15-17].

La serotonina no es irrelevante. Como la noradrenalina, la dopamina y otros neurotransmisores, podemos esperar que sus niveles varíen entre individuos, y encontrar ciertas correlaciones con el temperamento y la personalidad [18]. Había indicios de un rol dimensional para la serotonina en los 70, con investigaciones que correlacionban niveles reducidos de metabólitos de la serotonina con impulsividad, lo que predisponía a actos de suicidio, agresión y alcoholismo [19]. Tal como pasó con el eclipse de la teoría del cortisol, este hilo de investigación también fue enterrado; los IRSS reducen los niveles de los metabólitos de la serotonina en algunas personas y son particularmente ineficaces en grupos de pacientes caracterizados por su impulsividad (con rasgos de personalidad límite, “borderline“) [20].

Esta historia nos obliga a reflexionar acerca de cómo la opinión de médicos y otros profesionales puede otorgar plausibilidad epidemiológica y biológica a las teorías. ¿Puede una explicación biológica y terapéutica, plausible (pero mítica), conseguir que todo el mundo margine los datos de los ensayos clínicos que muestran nula evidencia de vidas salvadas o de funciones restablecidas? ¿Pueden los datos de ensayos clínicos publicitados como efectivos permitir más fácilmente la adopción de una explicación biológica mítica? No hay estudios publicados sobre este tema.
Estas cuestiones son importantes. En otras áreas de la vida los productos que usamos, desde ordenadores hasta microondas, mejoran año a año, pero este no es el caso de las medicinas; este mismo año cualquier tratamiento podrá lograr ser un éxito en ventas a pesar de ser menos efectivo y menos seguro que los medicamentos anteriores. Las ciencias emergentes del cerebro ofrecen enormes ámbitos para desplegar cualquier cantidad de chatarra intelectual o científica [21]. Tenemos la necesidad de entender el lenguaje que usamos.
Hasta entonces, chao, y gracias por toda la serotonina.

Conflicto de intereses: He leído y entendido la política del BMJ respecto a la declaración de intereses y declaro que soy miembro fundador de RxISK, el cual trabaja para alzar la voz sobre el perfil de seguridad de los medicamentos y estoy en el comité consultivo de la Fundation of Excellence in Mental Health Care. He participado como testigo experto en casos vinculados a suicidio y violencia relacionados con los IRSS.

1 Ashcroft GW, Sharman DF. 5-Hydroxyindoles in human cerebrospinal fluids. Nature 1960;186:1050-1.
2 Ashcroft GW. The receptor enters psychiatry. In: Healy D, ed. The psychopharmacologists. Vol 3. Arnold, 2000:189-200.
3 Danish University Antidepressant Group. Citalopram: clinical effect profile in comparison with clomipramine. A controlled multicentre study. Psychopharmacology 1986;90:131-8.
4 Danish University Antidepressant Group. Paroxetine. A selective serotonin reuptake inhibitor showing better tolerance but weaker antidepressant effect than clomipramine ina controlled multicenter study. J Affective Disorders 1990;18:289-99.
5 Healy D. The antidepressant era. Harvard University Press, 1997.
6 Lader M. Psychopharmacology: clinical and social. In: Healy D, ed. The psychopharmacologists. Vol 1. Chapman and Hall, 1996:463-82.
7 Healy D. Let them eat Prozac. New York University Press, 2004.
8 Healy D. Unauthorized Freud. BMJ 1999;318:949.
9 Ross J. The mood cure. Penguin, 2002.
10 Andrews PW, Bharwani A, Lee KR, Fox M, Thomson JA. Is serotonin an upper or adowner? The evolution of the serotonergic system and its role in depression and the antidepressant response. Neurosci Biobehav Rev 2015;51:164-88.
11 Boardman A, Healy D. Modeling suicide risk in affective disorders. Eur Psychiatry 2001;16:400-5.
12 Shorter E, Fink M. Endocrine psychiatry. Oxford University Press, 2010.
13 Healy D, Aldred G. Antidepressant drug use and the risk of suicide. Int Rev Psychiatry 2005;17:163-72.
14 Spence R, Roberts A, Ariti C, Bardsley M. Focus on: antidepressant prescribing. Trends in the prescribing of antidepressants in primary care. Health Foundation, Nuffield Trust, 2014.
15 Berman RM, Capiello A, Anand A. Antidepressant effects of ketamine in depressed patients. Biol Psychiatry 2000;47:351-4.
16 Murrough JW. Ketamine as a novel antidepressant: from synapse to behavior. Clin Pharmacol Ther 2012;91:303-9.
17 Atigari OV, Healy D. Sustained antidepressant response to ketamine. BMJ Case Rep 2013. doi:10.1136/bcr-2013-200370.
18 Cloninger CR. A systematic method for clinical description and classification of personality variants: a proposal. Arch Gen Psychiatry 1987;44:573-88.
19 Linnoila M, Virkkunen M. Aggression, suicidality and serotonin. J Clin Psychiatry1992;53(suppl):46-51.
20 Montgomery DB, Roberts A, Green M, Bullock T, Baldwin D, Montgomery S. Lack of efficacy of fluoxetine in recurrent brief depression and suicide attempts. Eur Arch PsychClin Neurosci 1994;244:211-5.
21 Delamothe T. Very like a fish. BMJ 2011;343:d4918.
Citar ésto como: BMJ 2015;350:h1771
© BMJ Publishing Group Ltd 2015″
Traducido por Marc Casañas

domingo, 12 de mayo de 2013

¿Son tontos los hispanos?

Una tesis doctoral vincula las políticas migratorias en Estados Unidos con el cociente intelectual

 Estudio ( tesis doctoral ) que demuestra lo absurdo de los tests de Inteligencia, como ya  denunció el premio Príncipe de Asturias y neurólogo Pablo Rudomin, Ver entrada: No hay nada mas tonto que un test de Inteligencia. 

Hoy en dia el test es un elemencto fundamental para esconder la inutilidad personal, pasas un test y arreglado, si pasa algo la culpa del Test. Yo mismo trabajo en un centro donde los educadores confeccionan ellos mismos planes de educación personalizados con diagnósticos y métodos de evaluación tan sofisticados como puntuar al niño de 0 a 4 en conceptos tas abstractos como el razonamiento o liderazgo según criterio del profesional, si yo creo que es un 3 le pongo un tres, talcual.

El rigor es tan mínimo en el campo de los Tests ( TODO MANUAL INDICA QUE NO SON ELEMENTOS VÁLIDOS PARA DIAGNÓSTICO ) que hasta presentan Tesis Doctorales que no pasarian de trabajo cutre de la ESO en un instituto decente. Los fallos son infinitos, pasen y vean


“El indicador conocido como coeficiente intelectual (CI) puede estimar de manera confiable la inteligencia. El CI promedio de los inmigrantes en los EE UU es considerablemente más bajo que el de la población nativa de raza blanca. Esta diferencia es probable que persista durante varias generaciones. Las consecuencias son la falta de asimilación socioeconómica entre los inmigrantes de bajo coeficiente intelectual, conductas de clase baja, menor confianza social y un aumento en trabajadores no cualificados en el mercado laboral estadounidense. La selección de los inmigrantes de alto coeficiente intelectual podría mejorar estos problemas en EE UU al mismo tiempo que beneficiaría a los potenciales inmigrantes que son más inteligentes pero que carecen de acceso a la educación en sus países de origen”.

Este es el resumen de la tesis doctoral que presentó Jason Richwine en la Universidad de Harvard en 1999 y que fue aprobada sin objeciones por un comité formado por tres prestigiosos catedráticos de esa universidad. La tesis habla de los inmigrantes en general, pero sus conclusiones están principalmente basadas en el análisis del (bajo) CI de los hispanos. Armado con esa credencial, el flamante doctor Richwine comenzó su carrera en lo que en Washington se llama “la industria de la influencia”. Trabajó en dos importantes think tanks conservadores, publicó artículos en diarios y revistas y daba conferencias. Cuando el exsenador Jim DeMint, uno de los principales líderes del Tea Party y recién nombrado presidente de la fundación Heritage, necesitó encargar a alguien que hiciera el estudio que serviría como punta de lanza en la batalla para impedir la reforma de la política migratoria de EE UU, escogió a Jason Richwine, quien junto con Robert Rector sería el coautor del informe. Al doctor Richwine le estaba yendo bien.
Hasta la semana pasada.

Dylan Mathews, un periodista del Washington Post, se tropezó con la tesis doctoral de Richwine y publicó su mensaje central. Las reacciones no se dejaron esperar. La fundación Heritage se limitó a decir que las controvertidas ideas de Richwine las escribió en Harvard y no en la Fundación. Dos días después, Richwine renunció a su cargo.

En todo esto hay muchas sorpresas, pero quizá la principal tiene que ver con los estándares que se usan en Harvard para otorgar un doctorado. La tesis de Richwine parte de la base de que hay causa y efecto entre dos variables difíciles de medir: inteligencia y raza. Entre los científicos sociales no hay consenso acerca de qué es lo que miden los test que estiman el cociente intelectual. ¿Miden inteligencia o más bien miden la capacidad de responder bien a ese tipo test? Y si miden inteligencia ¿qué tipo de inteligencia es? Todos conocemos genios que obtienen buenos resultados en los test de inteligencia pero cuya vida personal y profesional es un desastre y que terminan siendo una carga para su familia y para la sociedad. Y también conocemos gente que no brilla por su intelecto pero cuya contribución a la sociedad es enorme. Pero si la inteligencia es difícil de medir, ¿cómo se mide eso que Richwine define como “los hispanos”? Esta no es una categoría biológica sino una definición popularizada por la Oficina del Censo de EE UU que usa el término hispano o latino para referirse a “una persona de origen cubano, mexicano, puertorriqueño, centro o sudamericano o de otra cultura u origen español, independientemente de su raza”. Evidentemente, tratar a los “hispanos” como una categoría genética o biológicamente homogénea es, por decir los menos, metodológicamente endeble.
Y los problemas con la tesis de Richwine no terminan ahí. Derivar de sus conclusiones la idea de que una buena política inmigratoria se debe basar en aplicarle pruebas de inteligencia a los inmigrantes, es una propuesta más nutrida por la ideología que por la ciencia.

Pero si se trata de creer en estudios que se basan en los test de inteligencia, entonces vale la pena mencionar uno muy interesante referido por el periodista Jon Wiener. En 2012 la revista Psychological Science reportó que un amplio estudio en Reino Unido que examinó a casi 16.000 personas a través de los años encontró que “los menores niveles de inteligencia en la infancia pronostican la presencia de mayor racismo en la edad adulta”. En otras palabras: los adultos que son racistas no salían muy bien en los test de inteligencia cuando eran niños.

En resumen: Si usted cree que los hispanos son tontos, entonces debe creer que los racistas también lo son. Pura ciencia.



martes, 16 de abril de 2013

Innocence y Despair - Hermosa história sobre música y educación

 

 “Es belleza. Es verdad. Una música que te llega al corazón de un modo como casi ninguna otra lo ha hecho antes”. 



¿Puede ser la música un juego de niños? En 1930, Carl Orff estableció las bases para un nuevo sistema pedagógico enfocado a la enseñanza musical infantil. Para Orff el “schulwerk” (trabajo escolar en alemán) debía potenciar la creatividad a través de la interacción entre profesor y alumnos, haciendo del juego una herramienta educativa. En sus propias palabras, “desde el albor de los tiempos, a los niños no les ha gustado estudiar. Prefieren jugar, y si se quiere lo mejor para ellos, hay que permitirles aprender jugando”. Eso mismo pensaba un profesor de música de una escuela de primaria canadiense que, a mediados de los años setenta, decidió predicar con el ejemplo: improvisó un rudimentario estudio de grabación en el gimnasio del colegio para dar salida al talento natural de los chavales, sirviéndose de un repertorio de grandes éxitos de la música popular de los años sesenta para “jugar a hacer música”. 

Un cuarto de siglo más tarde, Brian Linds, un coleccionista de vinilos de Victoria, hizo un descubrimiento muy especial en una tienda de segunda mano de Vancouver. Un collage de fotos infantiles le llamó la atención desde la cubierta de uno de los elepés de la cubeta de saldos. Aquel enigmático pedazo de plástico incluía una sarta de versiones de Fleetwood Mac, Beach Boys, Herman’s Hermits y David Bowie interpretadas por un coro de escuela. Entusiasmado con el hallazgo, decidió compartirlo con Irwin Chusid, el mayor experto mundial en lo que él mismo ha definido como “outsider music”. Acostumbrado a destapar la caja de las esencias de artistas al filo de la “normalidad” como The Shaggs, Raymond Scott, Esquivel o Joe Meek, Chusid cae victima del hechizante sonido del álbum. “Me quedé asombrado con los arreglos. Nunca había escuchado nada igual, incluso tratándose de un disco de finales de los setenta.”, recordaba Chusid durante una entrevista, “Sonaba como si hubiese sido grabado por un extraño culto de adolescentes en su guarida subterránea, en mitad de la noche, cantando esas canciones como parte de algún tipo de ceremonia ritual”. El disco sonó durante meses en su programa de radio de la emisora independiente por excelencia, WFMU. Fue entonces cuando Chusid dedidió localizar al propietario de los derechos del material original y negociar los detalles de su publicación comercial.

Una mañana cualquiera después de clase, el profesor Hans Fenger recibió el recado en el instituto en el que trabajaba en Vancouver. Un tipo llamaba preguntando por él desde Nueva York. Fenger reaccionó con sorpresa a las preguntas de Chusid sobre el disco. “¿Qué pasa? ¿David Bowie me ha demandado?”
En 1971 Fenger malvivía en Vancouver dando clases de guitarra durante el día y tocando en garitos de rock por la noche. Con apenas veinticuatro años y un hijo en camino, aceptó un empleo como maestro en Langley, una humilde población rural del sudoeste de Canadá. Al instalarse en el pueblo con su novia, tomó contacto con una comunidad conservadora y profundamente religiosa, diametralmente opuesta a su talante liberal de chico de ciudad. La mayoría de sus alumnos, de entre 9 y 12 años, vivían ajenos al mundanal ruido en sus granjas familiares. Su único contacto con el exterior era a través de la música que escuchaban por la radio y su vida social se limitaba exclusivamente al ámbito escolar. Aún a riesgo de levantar suspicacias con sus métodos poco ortodoxos, Fenger decidió saltarse el programa de su asignatura y optó por inculcarles un sentimiento musical a través del cual expresarse, en lugar de abrumarles con conocimientos teóricos y plomizas audiciones. Desde la primera clase se esforzó en dar el protagonismo a sus alumnos, animándoles tocar y cantar canciones, abriéndoles una ventana al mundo que a día de hoy todavía sigue abierta. 
Aunque la junta escolar no comprendía el peculiar método de enseñanza del “profe hippy” -como lo llamaban sus alumnos- Fedger terminó dando clase en cuatro escuelas diferentes durante los cinco años siguientes. Tras ganarse la confianza de parte del claustro de profesores, consiguió reunir fondos para la grabación de un par de discos que atestiguasen los progresos de los chiquillos. Incluso los animó para que ellos mismos seleccionasen un repertorio a su medida, interpretando únicamente aquellas canciones con las que se sentían más identificados. Él mismo se encargó de registrarlas en cinta magnetofónica, acompañándoles a la guitarra acústica y al piano, pero manteniéndose en todo momento en un discreto segundo plano. El resto de la instrumentación corrió a cargo de los propios alumnos: una niña dando acordes abiertos al bajo y el resto de ellos repartiéndose xilófonos, timbales, panderetas… 

Como en una versión moderna del Flautista de Hamelín, Fedger orquestó una verdadera sinfonía infantil que cuestiona la autoridad adulta y los preceptos academicistas. El maestro y sus muchachos consiguen lo más difícil: transmitir sensaciones verdaderas y hacer de sus carencias virtudes. Empezando por la reverberación acústica del gimnasio, que aporta una solemne majestuosidad a los arreglos de Fedger a modo de “wall of sound” de andar por casa. De hecho, la influencia de Phil Spector se revela de capital importancia, llegando a apropiarse con adecuado tono elegíaco del “To Know Him Is To Love Him” de The Teddy Bears.     
   
Es un secreto a voces que la buena música pop se alimenta de corazones heridos e ilusiones rotas. Es la banda sonora del anhelo adolescente: el envoltorio inocente del desconsuelo. Tal vez por eso la versión de "Good Vibrations" arranca con un solitario tañir de cascabeles. Y en cuanto despuntan las voces, asoman las lágrimas. Hay algo de sombrío y crepuscular en esas voces que va más allá del candor infantil inicial y que resulta todavía más melancólico y hermoso cuando interpretan “God Only Knows”. No es casualidad que esta última pertenezca a "Pet Sounds" (Capitol, 1966), todo un símbolo del tránsito del pop a la edad adulta en los años sesenta. Completan el cancionero de los Beach Boys con tomas más efusivas pero igualmente melodramáticas de “Help Me, Rhonda”, “Little Deuce Coupe”, “In My Room” y “I Get Around”. En momentos como estos resulta tentador imaginarse qué pensará Daniel Johnston al respecto. 
En “Space Odditty” se repiten las constantes temáticas de aislamiento, soledad y tristeza. Como el resto de canciones está grabada en "toma única" y en riguroso directo para preservar la espontaneidad e inmortalizar el momento de la manera más fiel posible. Durante los ensayos y para evitar que los niños se perdieran en la cuenta atrás del Mayor Tom, Fenger intentó marcar con el pie el pulso de las percusiones, pero fue imposible. Los críos se atropellan; entran tarde o antes de tiempo, generando un caos naif y maravilloso. De fondo suena un teclado espectral y los efectos de guitarra emulan el timbre estratosférico de Mick Ronson. El propio Bowie la describiría años más tarde como “toda una pieza de arte”
En un plano más confesional, las versiones de “The Long and Winding Road” de The Beatles y “Desperado” de The Eagles le dejan a uno con el corazón latiendo en la garganta. Mención especial para las celestiales relecturas de “Mandy” de Barry Manilow y “Sweet Caroline” de Neil Diamond, que son de las que reconfortan con sus crescendos climáticos. 
Está claro que son cosas de la edad, pero “I'm Into Something Good” de Herman’s Hermits y “Calling Occupants of Interplanetary Craft” de los progresivos Klaatu (popularizada por The Carpenters) son un ejemplo perfecto de alquimia pop que trasciende unos originales más bien mediocres, alcanzando un estado de paroxismo eufórico con las palmas y porrazos el “Saturday Night” de Bay City Rollers.
  
En 2001 el sello independiente norteamericano Bar/None Records obtuvo un gran éxito de crítica y ventas gracias a la reedición de los dos elepés originales, bajo el título de “The Langley Schools Music Project: Innocent & Despair”. Asi mismo, existe una tirada limitada en doble vinilo que reproduce las carpetas de las ediciones originales de 1976 y 1977 por cortesía de Gammon Records. Una preciada pieza para coleccionistas que llegó a mis manos gracias a la constancia de mi novia, a la que en gran medida va dedicado este artículo. En las notas interiores de su maravilloso libreto, Chusid menciona a Brian Wilson, Carl Orff, Brian Eno, Phillip Glass, Moondog y los cantos gregorianos. Habla también de minimalismo, gospel y folk; de raíces y de sueños. 

En la actualidad podemos rastrear el legado de The Langley Schools Music Project en la comparsa de Halloween de Dead Man’s Bones. Spike Jonze y Karen O también tomaron buena nota a la hora de concebir la banda sonora de “Donde viven los monstruos” (2009). Incluso Richard Linklater reconoce haberse inspirado en la historia de Fenger para pergeñar la premisa argumental de “School of Rock” (2003). 

Recientemente el trailer del perturbador documental “Catfish” (2010) incorporó la versión de “Good Vibrations” como reclamo perfecto para la captación de nuevas audiencias. Poco después, David Fincher utilizaría a Scala & Kolacny Brothers (un coro belga especializado en versiones de Nirvana, Radiohead o Coldplay) para musicar el adelanto de “La red social” (2010). Pero no es lo mismo: aquí lo que sobra es grandilocuencia y profilaxis; se traiciona la esencia. John Zorn lo resume a la perfección:

viernes, 22 de marzo de 2013

INSIGHT - De matador a luchar contra la tortura

¿Que puede ocurrir en la cabeza de un ser humano para que en una fracción de segundo cambien todas sus convicciones?
 ..."me sentí como la peor mierda en la tierra"...

 

La psicologia Alemana conocida como Gestalt responde a esos "Flash" como INSIGHT

Insight es un término utilizado en Psicología proveniente del inglés que se puede traducir al español como "visión interna" o más genéricamente "percepción o "entendimiento". Se usa para designar la comprensión de algo (este término fue introducido por la psicología Gestalt).

Mediante un insight el sujeto "capta", "internaliza" o comprende, una "verdad" revelada. Puede ocurrir inesperadamente, luego de un trabajo profundo, simbólicamente, o mediante el empleo de diversas técnicas afines.

Esta foto marca el final de la carrera de Álvaro Múnera como torero matador . El muchacho se desplomó lleno de remordimiento en la mitad de la corrida cuando se dio cuenta de que el toro se negaba a pelear por su vida. Alvaro se ha convertido en un adversario ávido de lascorridas de toros.
 Esta foto marca el de la de Álvaro Múnera como torero matador . El muchacho se desplomó lleno de remordimiento en la mitad de la corrida cuando se dio de que el toro se negaba a pelear por su vida. Alvaro se ha convertido en un adversario ávido de las corridas de toros   Múnera recuerda ese momento:  Y de repente, miré el toro... Tenía la inocencia que todos los animales tienen en sus ojos, y él me miró  sintiendo dentro de mi un ¿ Porque ? Era como un grito por la justicia en el fondo de mí y senti ( mirada arriba ) Yo lo describiría como como una conexion, porque si uno confiesa,y espera que sea perdonado ...  ( silencio, lagrimas contenidas )  me sentí como la peor mierda en la tierra... 

martes, 26 de febrero de 2013

Las escuelas matan la creatividad


Espectacular intervención de Ken Robinson, especialista en educación, motivación y creatividad.
Con un sutil y hermoso humor Inglés, Ken presenta de manera prolífica los motivos por los cuales el sistema de educación actual parece ser caduco para la formación de futuros ciudadanos.

El sistema actual, heredero de la Revolución Industrial ( formar futuros trabajadores ) y del sistema prusiano educativo militar ( filas, timbres, silencio, esfuerzo, orden, uniformes.... ) no parece tener lugar en un mundo cambiante en que ya no se trata de formar trabajadores que van a realizar lo mismo el resto de sus vidas, sinó de ciudadanos con capacidad de adaptación, reciclaje, con espíritu de mejora y formación constante en un mundo cambiante en que el mundo actual de los niños de 10 años nada va a tener que ver quando estos tengan 30 y por medio tengan que realizar centenares de tareas diferentes ( las materias importantes del currículo no llevan a ello: matemáticas, lengua, idiomas... y se distancian cada vez mas de materias creativas menos valoradas, arte, danza, música... )
No se trata de decidir entre unas o otras, se trata de considerarlas igualmente importantes

Porqué es más importante saber resolver un logaritmo neperiano que componer un Poema?

Porqué en la escuela se le considera más inútil al que se pasa las horas dibujando y realizando retratos de sus profesores, haciendo gala de una gran habilidad,  en comparación del que no sabe ni dibujar una casa pero te resuelve a la primera ecuaciones de segundo grado? 

No es la primera opción un reflejo de creación, innovación, creatividad e ingenio muy en boga y faltos en los tiempos que corren?

No nos sería más fácil y útil para todos nosotros el tener ideas creativas, ingeniosas, novedosas a la hora de resolver nuestros problemas cotidianos inventar nuevos productos, para el desarrollo, investigación… No es más útil para una sociedad tener 40 millones de personas con estas habilidades que 40 millones de personas capaces de resolver una raíz cuadrada o saberse de carrerilla la lista de los reyes godos? 

Si tengo dudas a la hora de hacer un cálculo matemático utilizo la calculadora, si desconozco la capital de un país miro la enciclopedia, si tengo que mejorar un producto o buscar nuevas alternativas de trabajo a las convencionales donde busco? Que calculadora me resuelve el problema? 

Según estudios longitudinales los niños van perdiendo imaginación y creatividad a medida que van cumpliendo años.

No es el pensamiento divergente un valor a cuidar ( capacidad de resolver el mismo problema de diferentes maneras ) No es más verdad que en la escuela hay que responder lo que se espera que quieran que respondas? No limita eso la capacidad de respuesta, de adaptación y mejora personal? 

Se puede incluir al pensamiento divergente dentro del pensamiento creativo, relacionado más con la imaginación que con el pensamiento lógico-racional. La noción fue acuñada por el psicólogo maltés Edward De Bono, quien afirmó que el pensamiento divergente es una forma de organizar los procesos de pensamiento a través de estrategias no ortodoxas. El objetivo, pues, es generar ideas que escapen de los lineamientos del pensamiento habitual.




sábado, 23 de febrero de 2013

Teoría computacional de la mente


Expuesto prolijamente por Steven Pinker del Instituto Tecnológico de Massachussets en el libro del cual es autor, "best seller" de 660 páginas titulado"How the Mind Works

La Teoría Computacional de la Mente tiene su origen en las ideas geniales del matemático norteamericano Alan Turing quien demostró que una máquina binaria podía ser programada para realizar cualquier tarea algorítmica, lo cual fue complementado en el mismo año de 1937 por Claude Shannon del MIT con la noción de integración de circuitos en los rieles eléctricos que integran el sistema binario de almacenamiento de información, descubrimientos ambos que dieron la pauta inicial para programar el primer computador digital Harvard Mark I con los dígitos 0 y 1. 

Después y paulatinamente los científicos Newel, Simon, Minsky y Pinker y los filósofos Putman y Fodor en forma progresiva fueron configurando lo que actualmente se denomina Teoría Computacional de la Mente, que encontramos ahora descrita entre los variados temas que nos presenta el libro de Pinker. 

Se trata de una de las grandes ideas en la historia científico-intelectual porque contempla y resuelve uno de los enigmas que constituyen el problema de la relación mente-cerebro: ¿cómo conectar el mundo etéreo de significado e intención, sustancia de nuestra vida mental, con un trozo físico de materia como es el cerebro? Mi objetivo es tratar de explicar progresivamente cómo la teoría computacional de la mente resuelve esta paradoja, comenzando por enseñarnos que pensamientos y deseos son información, encarnada como configuración en símbolos.
Estos símbolos son estados físicos representados en trocitos de materia denominados chips en el computador y neuronas en el cerebro. 

Ellos simbolizan elementos activos en el mundo mental, natural y científico respectivamente, porque disparan su actividad por la vía de nuestros órganos de los sentidos para el entendimiento y la ejecución de las acciones correspondientes.
Esos pedacitos de materia constituyen un símbolo y están programados para encontrarse indefinidamente con otros pedacitos de materia para así conformar más símbolos lógicamente relacionados, que asumirán diferentes funciones mentales, inclusive comportamentales como producto de esta actividad simbólica. 

En estas condiciones la teoría computacional de la mente nos permite conservar y utilizar información, creencias y deseos en nuestros comportamientos y colocarlos escueta y acertada o desacertadamente en el universo físico, lo que significa "causar y ser causado". 

En la actualidad la informática considera el cerebro como un sistema que puede organizar la información que recibe en un modelo multidimensional elaborado del mundo exterior y utilizar este modelo para llegar a decisiones inteligentes. Y define así la neurona: "la célula especializada en información procesada equivale a una compuerta lógica en un computador digital o a un amplificador operacional en uno análogo, pudiendo desempeñar ambas funciones simultáneamente si fuera el caso